Riaño Vive...en Hans Gadow
| Portada con dibujo de acampada en algún lugar entre Llánaves y Portilla. |
Hans Friedrich Gadow , un prestigioso
científico alemán afincado en Inglaterra nos ha dejado el documento gráfico más
antiguo que conocemos de la Montaña de Riaño. Además, de su propio testimonio
en el relato de sus viajes realizados en el año 1897 Por el Norte de España, tal como el mismo titula su libro.
Venido desde Potes a través del puerto de San Glorio; con su mujer, su guía y una burra, después de pasar por los pueblos de Llánabes, Portilla, Barniedo, Villafrea. la Villa y Pedrosa, ...
...así relata el autor en un pasaje de su libro, su esperada llegada a la localidad de Riaño:
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| A su paso por Villafrea, este es el aspecto que el pueblo ofreció a la camara de Hans Gadow . |
Entramos en el lugar por el camino más
mugriento imaginable: agua de riego, pilones para el ganado y arroyuelos
llenándolo todo de fango. No estaba adoquinado ni tenía firme; el camino estaba
flanqueado por las casas diseminadas, algunas de ellas con techo de paja:
¡resultaba que esto era Riaño…! El propio lugar no es facil de describir, pero
las fotografías pueden dar un idea de su atractivo…
| ...en la Plaza del Mercado de Riaño (León). (Foto: Hans Gadow 1897) |
Sorprende Riaño sobremanera a este viajero-científico alemanoinglés. Su paisaje urbano y el carácter de sus gentes; al igual que le pasara 6 años antes al geógrafo francés llamado conde de Saint-Saud, en sus expediciones por los Picos de Europa.
Hans Gadow
viajó desde Hondarribia en el Pais Vasco, pasando por Cantabria, Asturias, León
y Galicia. A su paso por nuestras montañas dedicó un capítulo a Riaño
dejándonos como hemos dicho, un valiosísimo documento histórico, especialmente por
sus fotografías (la plaza del Mercado, el carro chillón, el potro...)
También, son dignas de resaltar sus narraciones escritas de cuantas cosas vivió en convivencia con los lugareños, a los que a modo de curiosidad comentamos, no deja en algunos casos muy bien parados. Cosa que también sucedió con Saint-Saud.
También, son dignas de resaltar sus narraciones escritas de cuantas cosas vivió en convivencia con los lugareños, a los que a modo de curiosidad comentamos, no deja en algunos casos muy bien parados. Cosa que también sucedió con Saint-Saud.
Lejos de quejas
y controversias, el libro es un preciado legado para quien sea un amante de la
historia de nuestras montañas, que nos ofrece además información científica; pero
por encima de todo, es el relato de un viajero que iba Por el Norte de España en el año 1897 con credenciales de
autoridades locales para ser bien recibido y durmiendo en posadas o casas
particulares salvo algunas noches que lo hizo en su flamante tienda de campaña,
siempre acompañado de su mujer. Imaginamos que impresión causarían en aquellos
días a las gentes del lugar, al verles y tomar contacto con ellos. Debió de ser
como poco, chocante para nuestros paisanos antepasados riañeses, personas de vida ruda y sacrificada, ver acampados
en el lugar mas insospechado del monte a esta distinguida pareja con su guía; viendo
pasear a una mujer vestida de largo con una sombrilla de volantes de encaje sobre su cabeza. Debió de ser una cómica distinción.
Riaño, bromas a
parte, fue una plaza que causó impresión en Hans. Especialmente por su
arquitectura popular, es decir, por las
casas que las mismas personas que las habitaban, habían construido con su
esfuerzo y con el de sus parientes, vecinos y amigos. Parte de ella estaba representada por los entonces eran los omnipresentes hórreos, que ocupaban cada rincón
del pueblo. Había 88 hórreos declarados solo en Riaño en el Catastro de
Ensenada de 1752 y suponemos que a juzgar por las fotos de Hans Gadow, en 1897, habría pocos menos. Cuesta trabajo creerlo para los que nacimos entrado el
siglo XX que ya no vimos ni uno.
Que dura puede ser la historia consigo misma; este es un buen ejemplo.
Que dura puede ser la historia consigo misma; este es un buen ejemplo.
Imaginamos
cuanto jugarían a su alrededor los niños de entonces en sus corrales; siempre
con el hórreo presidiéndolos y haciendo con su presencia que todo pareciera un
poco mágico. Nos referimos a los niños porque seguro, si hubiera sido cosa suya
se hubieran salvado muchos. Los mayores los construyeron y los utilizaron y
cuando ya no sirvieron, los quemaron en la lumbre de casa hechos astillas y
trambos. Con mas agravio si cabe, pues aquellos que los quemaron no fueron quienes
los construyeron.
Hoy, después del gran desastre del Apocalipsis de los pueblos de la montaña, hablar de hórreos es casi como hablar de la más vieja prehistoria perdida pero afortunadamente, aun nos quedan unos pocos.
Hoy, después del gran desastre del Apocalipsis de los pueblos de la montaña, hablar de hórreos es casi como hablar de la más vieja prehistoria perdida pero afortunadamente, aun nos quedan unos pocos.
A estos viejos
supervivientes, los más antiguos testigos de nuestra cultura, no sería mala
idea darles generosamente el protagonismo que se merecen y que durante siglos y
siglos, sin quererlo, tuvieron.
Este es nuestro grito: EL HORREO, de nuevo, A LA TRIBUNA DEL PUEBLO.
...Y desde aquí, el
viajero siempre acompañado de su mujer, continuó ribera del Esla abajo camino de su siguiente capítulo: la ciudad de
León.
Buen viaje. ¡Gute Reise
Hans!
Plataforma por la Recuperación del Valle de Riaño























